Los defensores y los grupos bajo amenaza suelen usar diferentes estrategias de afrontamiento para tratar con los riesgos a los que sospechan que deberían enfrentarse. Estas estrategias varían enormemente según su entorno (rural, urbano), el tipo de amenaza, los recursos sociales, económicos y jurídicos disponibles, etc.
La mayoría de las estrategias de afrontamiento pueden ser implementadas de forma inmediata y en respuesta a unos objetivos a corto plazo. Por lo tanto funcionarán más como tácticas que como estrategias de respuesta más elaborada. La mayoría de las estrategias de afrontamiento responden también a unas percepciones subjetivas de riesgo personal, y en algunas ocasiones podrían afectar al grupo, sobretodo si las estrategias utilizadas no tienen marcha atrás.
Las estrategias de afrontamiento están muy relacionadas con la severidad y el tipo de amenaza y con las capacidades y vulnerabilidades del grupo.
Cuando pensamos en la seguridad es necesario tener en cuenta tanto nuestras propias estrategias de afrontamiento como las de los demás. Es importante reforzar las estrategias efectivas, intentar limitar las que puedan afectar negativamente y procurar respetar las restantes (sobre todo las estrategias de afrontamiento vinculadas a creencias culturales o religiosas).
Algunas estrategias de afrontamiento:
- Reforzar barreras protectoras, esconder objetos de valor.
- Evitar comportamientos que pudieran ser cuestionados por otro actor, sobretodo si el control del territorio donde se está ubicado se encuentra en disputa militar.
- Esconderse en situaciones de alto riesgo ( incluyendo lugares de difícil acceso, como montañas o jungla), cambiar de casas, etc. A veces se esconden familias enteras y otras veces solo los defensores. El esconderse puede ser sólo durante la noche o podría alargarse durante varias semanas, y podría implicar un aislamiento total.
- Buscar la protección militar o política de uno de los actores armados.
- Suspender el trabajo, cerrar la oficina, evacuar. Desplazarse a otra región o salir al exilio.
- Confiar en la "buena suerte" o recurrir a creencias "mágicas".
- Ser más reservado, incluso con los compañeros, negar las amenazas, evitando hablar sobre ellas, beber en exceso, trabajar demasiado, comportamientos erráticos, etc.
Los defensores también tienen acceso a estrategias de respuesta elaborada. Éstas incluyen: realizar informes para sacar a luz un asunto concreto, presentar cargos, organizar manifestaciones, etc. En muchos casos estas estrategias no representan una estrategia a largo plazo, sino que responden a unas necesidades a corto plazo. En algunos casos las estrategias de respuesta pueden crear unos problemas de seguridad mayores que aquéllos que pretendían abordar inicialmente.
Al analizar las estrategias de afrontamiento y de respuesta, hay que tener en cuenta lo siguiente:
Sensibilidad: ¿Aportarán una respuesta rápida a las necesidades de seguridad individuales o de grupo?
Adaptabilidad: estas estrategias, ¿se adaptarán rápidamente a las nuevas circunstancias, una vez el peligro de ataque haya pasado? Un defensor puede disponer de varias opciones, como por ejemplo esconderse o irse a vivir a casa de otra gente por un tiempo. Estas estrategias podrían parecer débiles o inestables, pero suelen ser muy efectivas.
Sostenibilidad: estas estrategias, ¿servirán a largo plazo, a pesar de amenazas o de ataques no letales?
Efectividad: ¿Protegerán adecuadamente a las personas o al grupo en cuestión?
Reversibilidad: Si lus estrategias no funcionan o la situación cambia, ¿se podrán cambiar o volver atrás?

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