Los hondureños que conocen a Fausto Milla saben que no se quedará quieto aunque se encuentre en el exterior. Sólo cambia la trinchera, como decía el colombiano. ¿Quién podría ser el mejor reemplazante en el exterior, como “Embajador de la Resistencia” después del regreso de Manuel Zelaya, si no el veterano en la lucha de Santa Rosa de Copán?
Sin dudas, Fausto Milla es el mejor, con esa sencillez que siempre lo ha caracterizado cuando recibiera a los indígenas y campesinos en su clínica de medicina natural. El es el hombre indicado para mantener viva la llama de la Resistencia en el exterior, una tarea sumamente importante, más ahora, cuando los medios internacionales han retirado sus corresponsales de Honduras y cuando el jefe de la redacción ha reducido la importancia del tema hondureño, a apenas un cuadradito perdido entre las páginas del diario.
NO ES LA PRIMERA VEZ que el Padre es objeto de persecución. En la década ´70-‘80 fue perseguido y acusado de ser guerrillero y de estar al servicio de las fuerzas revolucionarias del FMLN en El Salvador. Fue obligado a irse al exilio y aterrizó en México donde estuvo cuatro años.
Fue párroco de Corquin, y también se desempeñó como director de Caritas Diocesana. Dio protección a los refugiados salvadoreños, hecho que provocó el odio de los militares y oligarcas del país. Las fuerzas armadas y la policía secreta lo persiguieron permanentemente.
El 24 de mayo de 1980, desde su sencilla iglesia, denunció la matanza más grande durante la guerra de liberación en El Salvador, la masacre del Río Sumpul, el 14 de mayo de 1980. Cuando 600 mujeres, niños y hombres de los caseríos salvadoreños de San Jacinto y la Arada creían que huyendo hacia el río fronterizo con Honduras, se salvarían del operativo del ejército salvadoreño.
Los hechos demostraron todo lo contrario, fueron asesinados casi todos. El río se tiñó de rojo sangre y el padre Fausto Milla dio testimonio de la barbaridad. Como “agradeciendo” por la denuncia, el ejército y la policía hondureña acusaron a Milla de organizar grupos guerrilleros y almacenar armas.
EN FEBRERO DE 1981 participó en el Tribunal Permanente de los Pueblos, en México, e inmediatamente, a su regreso, fue apresado por el escuadrón de la muerte, el “Batallón 3-16”. Permaneció secuestrado y torturado durante seis días y dijo en rueda de prensa, en la sede de Cofadeh, que fue a gracias a la solidaridad y la presión internacional que logró su libertad.
Esta rueda de prensa no era la que acostumbramos presenciar. Creo que todos nos sentimos tristes por la salida de Honduras del Padre Fausto Milla y su fiel asistente, Denia Mejías.
La legendaria luchadora popular, Gladys Lanza, del Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, también nos conmovió con sus palabras de amor hacía el Padre, pero confía que Milla pronto estará nuevamente, junto a los camaradas en Honduras.
No hay nadie que dude que Fausto Milla sale con el corazón partido. Él mismo recordó a los periodistas presentes el espanto real que padece este pueblo, donde hay 400.000 niños hondureños, de una población de apenas ocho millones, que son desnutridos, que se acuestan por las noches con dolor en sus estómagos vacíos. Que mueren de causas evitables o que nacen sin protección alguna.
Acusó a la oligarquía hondureña de haber acumulado millones apoderándose del país. Ellos tienen al ejército, a la policía, sus propios ejércitos privados. Tienen la autoridad de cometer las peores barbaridades contra los jóvenes, decía.
Convocó a la Resistencia a no bajar la guardia sino mantenerla siempre lista para defender a su Pueblo, porque la lucha continúa.
AHORA SE ASUMAN a los 200 hondureños que partieron al exilio luego del golpe de estado del 28 de junio de 2009, el Padre y Denia.
Uno de los que regresó, junto a Manuel Zelaya Rosales, fue el ministro de la presidencia, Enrique Flores Lanza. Lo hizo bajo el Acuerdo de Cartagena que estipula que los violadores de los derechos humanos, en Honduras, tienen que ser enjuiciados según la ley. Sin embargo, en este caso, el enjuiciado fue Flores Lanza, víctima de un montaje judicial mediante el cual, la fiscalía, lo quiere encarcelar. La verdad es pisoteada constantemente en esta tierra centroamericana, el dolor rasga su geografía, dejando heridas permanentes en la tierra y en las almas.
Como en la década del ´80 el odio expulsa de su tierra a sus mejores hijos. Uno se queda con un sabor amargo, con el llanto contenido y formulándose preguntas que tienen respuesta, pero no de momento…