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Martes 3 de mayo de 2011 por Varias ONGs
Abril 2010
En Mesoamérica, si bien se ha venido avanzando en el reconocimiento y diagnóstico de la violencia ejercida contra las personas que luchan por los derechos humanos, la información sobre la situación específica de las defensoras de derechos humanos es aún insuficiente y muchas veces se encuentra invisibilizada por las propias instituciones, organizaciones y movimientos. Es por ello que hasta el momento no contamos con un diagnóstico regional actualizado que dé cuenta de las especificidades de la violencia que enfrentan las defensoras de esta región, integrada por México y los países de Centroamérica.
Para contribuir a una mayor comprensión sobre la violencia contra defensoras de derechos humanos en la región, diversas organizaciones y defensoras nos dimos cita en la Reunión Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos; realizada el pasado mes de abril de 2010, en la ciudad de Oaxaca, México.
En Oaxaca nos reunimos mujeres de diversos países, edades, etnias, lugares, colores de piel, preferencias e identidades sexuales; cada una con una historia de vida diferente marcada en nuestros cuerpos. Unas, con voces y risas estridentes, alegraban el ambiente; otras, más calladitas, escuchaban con atención. Unas viven en ciudades grandes, otras son hijas de la tierra y del maíz. Nos reconocimos en la diversidad expresada en las diferentes formas de ver la vida, de entenderla, de apropiarnos de ella; en las maneras que tenemos de relacionarnos entre nosotras; en nuestras sexualidades y erotismos. Aunque esas diferencias en muchos casos han implicado rupturas y desencuentros, constituyen también la riqueza y fortaleza de los movimientos feministas y de mujeres, y nos han hecho confluir en una misma aspiración: la lucha por los derechos de las mujeres, de nuestras comunidades y pueblos.
El presente documento tiene el objetivo de ofrecer una mirada panorámica sobre la violencia que enfrentan las defensoras de derechos humanos en la mayoría de los países mesoamericanos. Lejos de ser un documento acabado, pretende ser un insumo que motive al análisis nacional y regional sobre el tema y genere sinergias y solidaridades que permitan proteger la integridad y labor de las defensoras de derechos humanos, cuyo compromiso y acción son vitales para avanzar en la democracia, la justicia, la libertad y el desarrollo de nuestras sociedades.
Para facilitar la divulgación de este material hemos integrado dos versiones, una síntesis impresa y la versión completa del documento, en un disco compacto que se adjunta al final de la publicación.
Primero realizamos un mapeo previo en México, Guatemala, El Salvador y Nicaragua, a partir de documentación bibliográfica, la aplicación de entrevistas a defensoras de diversos movimientos sociales y el análisis de casos paradigmáticos. Los indicadores definidos para este ejercicio fueron: procesos políticos y sociales que están poniendo a las defensoras en riesgo; tipos de agresiones que sufren y delitos que se les cometen; cómo afectan las agresiones a las defensoras por su género; quiénes son los agresores y por qué temas y luchas son agredidas; nivel de reconocimiento del trabajo de las defensoras y recursos con los que cuentan; y violencia al interior de los movimientos sociales y organizaciones. Sin embargo, el principal insumo fueron los testimonios, reflexiones y análisis de las participantes en la Reunión Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos; a la que asistieron defensoras de México, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Honduras y Panamá; pertenecientes a los movimientos feminista, lésbico, trans, indígena, sindicalista, civil, entre otros. La diversidad de identidades y movimientos representados en el grupo permitieron una reflexión amplia y profunda sobre la situación en la región. Durante la reunión pudimos hablar en primera persona, desde nuestras experiencias personales, y también compartir los análisis y saberes que nuestras organizaciones han hecho en cada país.
Nosotras, diversas activistas y defensoras de derechos humanos de distintos países de Mesoamérica, reunidas en la Ciudad de Oaxaca, México, del 23 al 25 de abril del 2010, comprometidas con la lucha por la defensa y promoción de los derechos humanos y conscientes de nuestra memoria histórica, coincidimos en la preocupación por la profundización del patriarcado en nuestra región, que se expresa en la creciente desigualdad y pobreza, la violencia, la impunidad, el militarismo, la corrupción, y el avance del conservadurismo y fundamentalismo. Este contexto afecta el trabajo y pone en riesgo las vidas de activistas y defensoras de derechos humanos.
El autoritarismo de nuestros Estados, han provocado que estemos regresando a contextos represivos que creíamos superados y que derechos ya conquistados sean suprimidos. Ejemplos de ello son el reciente golpe de estado en Honduras, la creciente debilidad y falta de legitimidad que tienen los procesos electorales en nuestros países, así como la criminalización de las mujeres que ejercen su derecho a decidir, como resultado de los pactos entre los gobiernos y los fundamentalismos.
En complicidad o ante la incapacidad de los Estados, poderes fácticos como el crimen organizado, las empresas transnacionales, algunas instituciones religiosas, grupos paramilitares, entre otros, han adquirido o incrementado su injerencia y control; agudizando con ello la violencia y violación de los derechos de las mujeres.
Las diversas activistas y defensoras de derechos humanos somos mujeres y trans comprometidas con la lucha por la libertad y contra todas las formas de opresión e injusticia, muchas de nosotras nos definimos también como feministas. Trabajamos con distintas poblaciones y en diversos temas. Luchamos por la defensa de los derechos de los pueblos indígenas, los derechos de las lesbianas, de las mujeres trans, de las mujeres trabajadoras, de las jóvenes, las trabajadoras sexuales, entre muchas otras. Trabajamos por la erradicación de todas las formas de violencia contra las mujeres, la libre elección del trabajo, los derechos civiles y políticos, los derechos económicos, sociales y culturales, el derecho a una paz duradera, a la verdad, la memoria y la justicia; la erradicación de la pobreza, la ciudadanía y democracia, la defensa del territorio, la protección del medio ambiente y la sostenibilidad ambiental, la despenalización del aborto y el pleno ejercicio de nuestros derechos sexuales y reproductivos.
Nuestro compromiso con la defensa de los derechos humanos es un pilar fundamental de la democracia, la justicia social, la igualdad de género y la erradicación de todas las formas de violencia en la región. Sin embargo, las amenazas, los ataques y campañas de difamación, las ejecuciones y feminicidios, las agresiones sexuales y violencia contra nuestras familias, así como diversas formas de hostigamiento de las que somos objeto por ser defensoras y activistas de los derechos humanos, ponen en riesgo la construcción democrática, debilitan los movimientos sociales y el ejercicio de la ciudadanía.
Por todo lo anterior, es fundamental garantizar las condiciones para que las diversas activistas y defensoras de derechos humanos realicemos nuestra labor en condiciones de seguridad, donde se respete nuestro derecho a defender y promover los derechos humanos.